En los años 50, el psicólogo polaco Solomon Asch confirmó con un experimento el miedo inconsciente a expresar una opinión contraria a la mayoritaria, no vaya a ser que el grupo te rechace. Una persona entra en una sala y se le pide que diga cuál, en su opinión, es la raya cuya longitud es igual a la de la izquierda. Todos los demás de la sala, parte del experimento, afirman que es la A. El sujeto, silenciando lo que sus propios ojos ven, se sumaba a la mayoría diciendo A en lugar de C, en casi el 40% de los casos. Y los que contestaron C, mostraron "estrés y malestar extremo".
La presión social sigue siendo de gran importancia, sí, la minoría calla, pero con el desarrollo de las redes sociales de comunicación, cada vez menos, porque se puede hablar por otros canales.









