lunes, 1 de junio de 2026

UK: la esclavitud, la guerra y la incomprensión profunda

 

 

El pasado 25 de marzo de 2026, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la resolución A/80/L.48, declarando el Tráfico Transatlántico de Esclavos como el “crimen más grave contra la humanidad”. La resolución fue aprobada con 123 votos a favor, 3 en contra (Argentina, Israel y Estados Unidos) y 52 abstenciones; una forma de votar “no”, pero con vergüenza. Entre quienes se abstuvieron estuvieron los 27 miembros de la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Australia y Japón. Es decir, se abstuvo el bloque que se benefició históricamente de aquella esclavitud y que continúa beneficiándose hoy del sistema económico construido sobre ese gran crimen contra la humanidad: el capitalismo. 

 Como todo el mundo debería saber ya, aunque los pueblos europeos parezcan no querer mirar en esa dirección, Europa ha dejado de ser relevante en casi cualquier aspecto del tablero mundial, incluido el económico. Está fuera de juego y en caída libre. Su mando de la Play, como en el meme, ni siquiera está enchufado. Sin embargo, nuestros inútiles dirigentes siguen intentando convencernos de que Europa continúa siendo un actor decisivo en la escena internacional y nos empujan hacia una guerra a la que deberíamos oponernos con toda nuestra fuerza en las calles.

Uno de esos dirigentes belicistas es Keir Starmer, empeñado en deteriorar el nivel de vida de la población británica para financiar la continuación de la guerra por delegación de EEUU y la UE contra Rusia en Ucrania. Los servicios de inteligencia británicos, sus militares, técnicos y aparatos mediáticos trabajan a pleno rendimiento sosteniendo a la élite nazi, corrupta e ilegítima de Ucrania. Algo que sitúa las islas en el punto de mira de posibles ataques de Rusia, dentro de esta guerra absurda en la que Ucrania acaba de atacar ¡una central nuclear! Esos descerebrados a los que UK y la UE está armando ¡dan pánico! Seguro que están ustedes hartos de verlo en los telediarios de RTVE, La Sexta, A3, etc. El grave peligro que estamos corriendo es cada día más real. 

Mientras tanto, los británicos —como buena parte de los europeos— parecen no inmutarse ante una amenaza de semejante magnitud y continúan refugiándose en los pequeños placeres irrelevantes de la vida cotidiana. Como en los días posteriores a la aprobación de la resolución A/80/L.48, en los que encontraron una magnífica distracción: las reacciones del partido Reform UK (una derecha rancia comparable a VOX o Ayuso) y las contra-reacciones de una mayoría “woke”* que, en España, equivaldría al PP, PSOE, IU y el universo Podemos; en Reino Unido son los laboristas y los conservadores o Tories. Todo ello funcionó como un reconfortante ejercicio de autoafirmación y de reafirmación de su supuesta superioridad civilizatoria.

La extrema derecha clamó por represalias contra las antiguas colonias británicas que se atrevieran a reclamar reparaciones por la esclavitud. Los laboristas, por su parte, respondieron algo así como “Qué fachas sois, ignorantes. Nosotros, en cambio… tampoco vamos a aceptar reparaciones ni de broma, pero preferimos llamarlo 'mirar al futuro y no al pasado'”. Y así continúa el gallinero, dividido, entretenido y alborotado en estos momentos históricos, antes de tener que partir hacia la III Guerra Mundial.

Lo que el gallinero no piensa, porque la cultura (escuela, universidad y medios) se encarga de expulsarlo del debate, es el verdadero funcionamiento, pasado y presente, de todo este entramado de esclavitud y reparaciones.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Visit Rwanda, o cómo blanquear un genocidio

El efecto de la propaganda es siempre arrollador, en cualquier contexto, pero cuanto más dinero se invierte en ella, más eficaz resulta. Uno de los pilares fundamentales del extraordinario poder y la influencia desproporcionada del régimen ruandés —el FPR (Front Patriotique Rwandais) liderado por Paul Kagame— reside en su inversión millonaria y sostenida desde hace más de dos décadas en las empresas de relaciones públicas y lobbying más punteras del planeta.

Se ha fraguado así una percepción internacional del «milagro ruandés» rotundamente falsa, pero muy bien apuntalada por empresas y figuras de prestigio, como los Clinton o los Blair. De hecho, sobre Tony Blair se afirma que no es un simple asesor del gobierno de Kagame —como figura oficialmente—, sino más bien su arquitecto. Esa imagen impecablemente fabricada blanquea y legitima a una figura siniestra como Paul Kagame y su círculo más estrecho, dejando en la sombra los gravísimos crímenes pasados y presentes del régimen: la agresión continuada contra la vecina República Democrática del Congo, el exterminio de su pueblo originario, la ocupación de su territorio y el expolio de su inmensa riqueza mineral.

El gobierno de Kagame y la red de empresas y think tanks que trabajan para él proyectan esta brillante imagen prefabricada al mundo entero, pero muestran una preferencia especial por España y Francia, los dos países donde la justicia ha llegado más lejos al acusarles de crímenes de guerra y de lesa humanidad, además del asesinato —mediante atentados terroristas— de varios de sus ciudadanos. Mucho dinero y no pocas ilegalidades les ha costado anular la causa judicial francesa y humillar a aquel gobierno, pero finalmente lo han conseguido. En el caso de España, el coste —también en dinero e ilegalidades— sigue siendo enorme y aún no se ha cerrado del todo: la causa, aunque mutilada, permanece abierta. En lo que se refiere al lavado de imagen, sin embargo, su trabajo raya en la perfección.