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viernes, 13 de septiembre de 2013

Consultas legales sobre el trato a los inmigrantes en las comisarías españolas

Anoche, de madrugada, la policía detuvo a un amigo mío. Como eran horas intempestivas, al llegar a comisaría, él, por no despertar a la gente que madruga, llamó a un compañero de trabajo, que como él, por trabajo, estaría despierto a esas horas, para que éste me avisara por la mañana, a mí y a alguien más, ya que la policía sólo les deja hacer una llamada. El compañero de trabajo, y también amigo, me dijo que estaba en la comisaría de Leganitos, pero no sabía más.

Al recibir este aviso por la mañana, busqué el teléfono de esta comisaría y llamé a la policía para preguntar por mi amigo, porque es una persona que me importa, porque puede necesitar mi ayuda y para eso están los amigos, y porque no puedo quedarme de brazos cruzados sin saber qué va a ser de él, a qué hora saldrá, o si le llevarán a los juzgados de la plaza Castilla, no sé. El policía que me atendió fue bastante escueto, desdeñoso e irritable. Yo quería preguntar por mi amigo, porque estaba preocupada, pero este señor me interrumpía con superioridad “No le puedo dar ninguna información sobre el detenido”. “Bueno, solo dígame si está ahí o no, por favor”. “Le repito que no puedo dar ninguna información del detenido porque estaría violando la ley”. “Perdone pero desconozco esa ley”, dije, a lo que él añadió: “Estaría violando los derechos del detenido”. Mordiéndome la lengua para no decirle qué sabrán ustedes de derechos… dije “Sólo dígame si está ahí o no”. “¿Para qué?”, me interrumpió. “No sé, para ir a visitarle”, me salió. “¿Usted cree que se puede visitar a un detenido?!”, me preguntó sarcástico. Vaya, ahí me pilló. Por lógica, es verdad, seguro que no se puede, pero me volví a morder la lengua porque me quedé con ganas de responder con otra pregunta: ¿si a usted le dicen que su hermana o hermano está detenido no saldría volando de casa y se plantaría en la comisaría que sea sin pensarlo dos veces?”. ¡Claro que supongo que no se puede visitar a los detenidos, pero seguramente la comisaría esté llena de familiares y seres queridos de los detenidos pululando por los alrededores, intentando saber algo!

Imposible. No me dijo nada.

Mi/s pregunta/s para algún abogado que lea esto y tenga la amabilidad de responder:

sábado, 9 de junio de 2012

Spain is not different


El día 6 de junio leí que un joven de 25 años había muerto esperando una ambulancia que llegó 20horas tarde, en Arcadia, Sudáfrica. Me vino a la memoria que el día anterior había visto una ruidosa manifestación en la calle Sagasta de Madrid, frente a Sanidad, de los trabajadores del servicio de Urgencias del SUMMA 112. Pensé: allá vamos. Como si trabajasen poco, este colectivo en el que alguno trabaja 41 de los 52 fines de semana del año, es obligado por el gobierno a trabajar 66 horas más al año, porque sí y punto. Si la calidad del servicio empeora ya no es cosa del gobierno, es de los trabajadores que no quieren dar más de sí, como los de Sudáfrica.

Hay un país donde protestar es considerado prácticamente terrorismo. Un país donde comparativamente, ser responsable de la muerte o matar a un/una sin papeles es más barato que protestar en la calle. En ese país, comparativamente, robar fondos públicos por valor de miles o millones de euros es gratis, mientras que vender bolsos en la calle para comer te puede costar la vida. Las autoridades políticas y administrativas no solo defienden y protegen a los agresores y ladrones, sino que inculpan y amenazan a las víctimas. Esto ocurre en una república bananera de África, se trata de España.

España es geográficamente África mientras conserve allí las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. De un tiempo para acá, me siento como si viviera en África porque pasan cosas muy similares, según los medios. Esas mismas cosas contadas de un país africano, escandalizan, pero si pasan en España, las justificamos: “hombre, no es lo mismo”. A veces pienso: ¿qué pensamos que tenemos que ir a enseñar a los africanos? Tal vez sea hora de empezar a mirar a África para aprender, al menos de su sociedad civil, que no deja abuso sin denunciar, cueste lo que cueste.

viernes, 24 de febrero de 2012

Ponte en la piel de un negro en Madrid

Lee estas suposiciones. Cierra los ojos y supón que eres tú.

Un día te levantas por la mañana para ir a trabajar. Te pagan mal y no tienes contrato, pero necesitas ese dinero para sobrevivir. La vida es dura. Por la calle, bajo el frío de una mañana de febrero en Madrid, se te acerca una pareja de policías. Te echan la bronca porque parecía que no querías hacerles caso, les explicas que “perdonen, iba metido en mis pensamientos”. Sacan un aparato medidor y te miden la nariz. Ya llegas 10 minutos tarde al trabajo. Envían esas medidas a la central de la policía. Les dices que tienes prisa. Te explican que has de esperar la respuesta de la central de policía, para ver si la medida de tu nariz entra dentro de lo legal, en el baremo de nariz perfecta. Tienen mucho trabajo midiendo narices. Es un trabajo muy importante para la sociedad, que les paga con sus impuestos. Esperas. No quieres decir que la prisa es porque llegas tarde a un trabajo sin contrato, con lo en serio que se toman su servicio a la sociedad. Llega la respuesta. No. Secamente. “Caballero tenemos que detenerle”. Te enfadas. “Pero ¿por qué? ¡Yo no he hecho nada malo!”. No tener el tamaño de nariz perfecto es ilegal en esta democracia. Te llevan al calabozo. No puedes creerlo. Quieres despertar de la pesadilla. Te sacan sin explicaciones. Te llevan a empujones a los juzgados de la plaza Castilla. Allí un juez, que vela por el bienestar de la sociedad es informado de que el tamaño de tu nariz no es perfecto. No duda. "¡Culpable!". Al CIE. “¿Qué? -exclamas- ¿Qué es el CIE?”. "Es la cárcel para los que no tienen nariz perfecta". "¿Cárcel? ¡Pero si yo no he cometido ningún delito!”. “Por eso la cárcel es diferente a la de los delincuentes y criminales, aquí no tendrá usted derecho a contacto con el exterior, ni a la asistencia médica, ni a visitas, ni llamadas. Nada”. Quieres despertar, esto tiene que ser una pesadilla, pero no lo es. Es la realidad.