El pasado 25 de marzo de 2026, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la resolución A/80/L.48, declarando el Tráfico Transatlántico de Esclavos como el “crimen más grave contra la humanidad”. La resolución fue aprobada con 123 votos a favor, 3 en contra (Argentina, Israel y Estados Unidos) y 52 abstenciones; una forma de votar “no”, pero con vergüenza. Entre quienes se abstuvieron estuvieron los 27 miembros de la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Australia y Japón. Es decir, se abstuvo el bloque que se benefició históricamente de aquella esclavitud y que continúa beneficiándose hoy del sistema económico construido sobre ese gran crimen contra la humanidad: el capitalismo.
Como todo el mundo debería saber ya, aunque los pueblos europeos parezcan no querer mirar en esa dirección, Europa ha dejado de ser relevante en casi cualquier aspecto del tablero mundial, incluido el económico. Está fuera de juego y en caída libre. Su mando de la Play, como en el meme, ni siquiera está enchufado. Sin embargo, nuestros inútiles dirigentes siguen intentando convencernos de que Europa continúa siendo un actor decisivo en la escena internacional y nos empujan hacia una guerra a la que deberíamos oponernos con toda nuestra fuerza en las calles.Uno de esos dirigentes belicistas es Keir Starmer, empeñado en deteriorar el nivel de vida de la población británica para financiar la continuación de la guerra por delegación de EEUU y la UE contra Rusia en Ucrania. Los servicios de inteligencia británicos, sus militares, técnicos y aparatos mediáticos trabajan a pleno rendimiento sosteniendo a la élite nazi, corrupta e ilegítima de Ucrania. Algo que sitúa las islas en el punto de mira de posibles ataques de Rusia, dentro de esta guerra absurda en la que Ucrania acaba de atacar ¡una central nuclear! Esos descerebrados a los que UK y la UE está armando ¡dan pánico! Seguro que están ustedes hartos de verlo en los telediarios de RTVE, La Sexta, A3, etc. El grave peligro que estamos corriendo es cada día más real.
Mientras tanto, los británicos —como buena parte de los europeos— parecen no inmutarse ante una amenaza de semejante magnitud y continúan refugiándose en los pequeños placeres irrelevantes de la vida cotidiana. Como en los días posteriores a la aprobación de la resolución A/80/L.48, en los que encontraron una magnífica distracción: las reacciones del partido Reform UK (una derecha rancia comparable a VOX o Ayuso) y las contra-reacciones de una mayoría “woke”* que, en España, equivaldría al PP, PSOE, IU y el universo Podemos; en Reino Unido son los laboristas. Todo ello funcionó como un reconfortante ejercicio de autoafirmación y de reafirmación de su supuesta superioridad civilizatoria.
La extrema derecha clamó por represalias contra las antiguas colonias británicas que se atrevieran a reclamar reparaciones por la esclavitud. Los laboristas, por su parte, respondieron algo así como “Qué fachas sois, ignorantes. Nosotros, en cambio… tampoco vamos a aceptar reparaciones ni de broma, pero preferimos llamarlo 'mirar al futuro y no al pasado'”. Y así continúa el gallinero, dividido, entretenido y alborotado en estos momentos históricos, antes de tener que partir hacia la III Guerra Mundial.
Lo que el gallinero no piensa, porque la cultura (escuela, universidad y medios) se encarga de expulsarlo del debate, es el verdadero funcionamiento, pasado y presente, de todo este entramado de esclavitud y reparaciones.
¿Sabías que…?
La cuenta de Twitter del HM Treasury (el Tesoro de Su Majestad del Reino Unido) publicó el 9 de febrero de 2018, como parte de su serie semanal #FridayFact, el siguiente mensaje:
“¿Sabías que? En 1833, Gran Bretaña utilizó 20 millones de libras, el 40% de su presupuesto nacional, para comprar la libertad de todos los esclavos del Imperio. La cantidad prestada para la Ley de Abolición de la Esclavitud fue tan grande que no terminó de pagarse hasta 2015. Eso significa que ciudadanos británicos vivos ayudaron a poner fin al comercio de esclavos”.
El tuit fue borrado aquella misma madrugada, el 10 de febrero, debido al escándalo que provocó.
Quienes redactaron el mensaje, o quienes autorizaron su publicación, parecían desconocer o no considerar importante, que esos 20 millones de libras (una cantidad cuyo peso en la economía de la época equivaldría hoy a unos 100.000 millones de libras) no se destinaron a compensar a las personas esclavizadas, sino a indemnizar a 46.000 propietarios de esclavos por la pérdida de sus “propiedades humanas” comprándoles esas propiedades. Ni un solo penique fue entregado a ningún esclavo o esclava.
El British Mode de abolir la esclavitud consistió en enriquecer aún más a multimillonarios propietarios de esclavos, consolidando fortunas cuya influencia perdura hoy en familias como la del exministro Douglas Hogg, escritores como Graham Greene o George Orwell y muchas otras, además de bancos como Lloyds, Baring Brothers, P&O o Barclays Bank. Y, por supuesto, también se benefició la mayor familia propietaria de esclavos de todo el país: la familia real británica.
Pero probablemente el mayor beneficiario de todos fue Nathan Mayer Rothschild, cuyo banco familiar prestó ese dinero al gobierno británico a cambio de elevados intereses.
El Banco de Inglaterra fue el encargado de administrar las compensaciones a los propietarios de esclavos en nombre del “benévolo” gobierno británico. De esta manera se produjo un gigantesco trasvase de dinero público a manos privadas, prolongado durante generaciones, desde 1833 hasta 2015.
¿Quiénes apenas se beneficiaron de la abolición de la esclavitud y tendrían pleno derecho a reclamar reparaciones? Las personas esclavizadas y sus descendientes, que además contribuyeron con sus impuestos al pago de la deuda contraída con los Rothschild hasta el año 2015.Coincido con el historiador David Olusoga que escribió cuando estalló el escándalo de 2018: «La verdadera pregunta es: ¿por qué alguien pensó que esto estaba bien?» y señaló que reducir la compleja historia de la abolición a un simple #FridayFact reflejaba una «profunda incomprensión» de toda la cuestión.
La mención especial goes to…
El exprimer ministro David Cameron merece una mención aparte. Su familia fue una de aquellas propietarias de esclavos que recibieron sumas indecentes de dinero como compensación por sus “propiedades humanas”.
Cameron ocupó puestos de responsabilidad política prácticamente desde la cuna y fue primer ministro entre 2010 y 2016. Cuando los ciudadanos británicos aún no habían terminado de pagar a los Rothschild el préstamo del que se beneficiaron su familia y miles más, Cameron realizó una visita oficial a Jamaica.
Allí, demostrando precisamente esa “incomprensión profunda” de la que hablaba Olusoga, no tuvo reparos en declarar ante los jamaicanos y jamaicanas que esperaba que «como amigos que hemos pasado tanto juntos desde aquellos tiempos más oscuros, podamos pasar página de este doloroso legado y seguir construyendo el futuro».
Es decir: el descendiente enriquecido gracias a la esclavitud pedía a los descendientes empobrecidos por la esclavitud que “pasaran página”.
Como gesto de buena voluntad, ofreció al gobierno jamaicano 38 millones de libras de dinero público británico ... para construir una cárcel. La construcción de esa prisión formaba parte de la política migratoria británica, que ya comenzaba a plantear la deportación de migrantes a terceros países. El plan de Cameron consistía en utilizar esa cárcel para encerrar a migrantes deportados desde Reino Unido tras cometer delitos, grandes o pequeños. Me pregunto ¿Cuántos procesos de deportación habría que realizar para que a los contribuyentes británicos les "rente" la inversión en esa cárcel en Jamaica?
De nuevo, no se trataba de eso, era otro trasvase de dinero público hacia intereses privados. La gestión de cárceles y CIEs británicos (Immigration Removal Centres) está en manos de empresas privadas como Serco, Mitie o G4S, propiedad a su vez de grandes fondos de inversión cuyos nombres nos resultan familiares: BlackRock, JPMorgan, Vanguard Group, Goldman Sachs, entre otros.
Donde dice Reino Unido, puede decir España o Alemania
¿Tiene algún sentido para la población británica gastar cientos de millones de libras en deportar a unas pocas decenas de migrantes y construir cárceles por todo el mundo? No. Sin embargo, mientras muchos creen que su país mejorará cuando haya menos migrantes, lo que realmente ocurre es que enormes cantidades de dinero público terminan en manos de fondos de inversión en los que, probablemente, siguen teniendo intereses las grandes fortunas enriquecidas con las compensaciones de 1833.
Son esos intereses los responsables del deterioro de las condiciones de vida de la mayoría, no los migrantes.
Y, aun así, ahí siguen muchos británicos de a pie, votando a sus equivalentes de Ayuso, que glorifican el imperialismo y la colonización, o a sus equivalentes de Pedro Sánchez, que viajan a lugares como Jamaica para exhibir una ignorancia menos zafia y más “woke-civilizada” (como presumir de haber acabado con la esclavitud, aunque fuera al British Mode).
El pueblo británico cree que votando a unos u otros logrará cambiar algo. Pero ninguna de esas dos caras del mismo sistema tiene la menor intención de cuestionar, y mucho menos combatir, este gigantesco y permanente saqueo de los recursos públicos.
Los británicos, igual que los españoles, alemanes y tantos otros europeos, no parecen estar asimilando que podrían acabar siendo enviados a una guerra, que va a ser nuclear, precisamente por los mismos intereses: la acumulación histórica y continuada de riqueza en manos de una minoría a costa de la inmensa mayoría.
* Utilizo la expresión Woke por primera vez en mi vida, tras prestar atención al importante trabajo de crítica del profesor Christian Parenti sobre este asunto: The Cargo Cult of ‘Woke’: A Discussion with Christian Parenti. Recomiendo encarecidamente a todo el mundo que lea esta entrevista, es la transcripción del vídeo de YouTube de más arriba.




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