El día 27 de enero, el director regional para África del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Patrick Youssef, hablando a los periodistas en Ginebra, expresó la alarma del CICR por el riesgo existente de una catástrofe bacteriológica en el este de la República Democrática del Congo, RDC.
Youssef señaló que el recrudecimiento de los combates en la entonces asediada, hoy ocupada, ciudad de Goma, podía desencadenar una grave catástrofe, si los cortes de electricidad que se estaban produciendo, provocaban la ruptura de la cadena de frío en la conservación de los patógenos almacenados en el National Institute of Biomedical Research (INRB) de Goma. Una «fuga de muestras de ébola y otros agentes patógenos», explicó, «podría desencadenar una catástrofe de consecuencias inimaginables».
A pesar de la gravedad, semejante alerta apenas tuvo eco entre los medios y autoridades occidentales. Tampoco ningún organismo internacional mostró preocupación ni pública, ni oficialmente, mucho menos ningún gobierno occidental ¡ni siquiera africano! ¡Ni siquiera el propio gobierno congoleño! Nadie mostró preocupación alguna, al menos de manera pública.
Tanto la alerta como el silencio ante la misma plantea muchas preguntas ¿Cómo es posible que los medios independientes no le den importancia a este riesgo tan real? ¿Cómo es posible que los gobiernos ni lejanos ni cercanos se preocupen? Por otro lado ¿A quién se le ocurre tener un laboratorio de material tan peligroso y delicado en una de las zonas más inseguras e inestables del mundo desde hace décadas? Y ¿Por qué no conocemos al o a los responsables de tamaña negligencia? ¿Quién permite esto?
Solamente la AFP publicó las palabras de Youssef en una nota el día 28 de enero, como si de un desliz se tratase. A partir de la nota de la AFP la noticia se reprodujo en diversos medios no occidentales como Alarabiya News, The Hindu, la Citizen TV de Kenia, This is Beirut, Ciudad CCS de Venezuela, en algún medio menor de Argentina, de Chile… el periodista Max Blumenthal, con sus más de 700.000 seguidores, probablemente fuera el que más efecto de difusión tuvo, cuando habló de ello el día 30 de enero.
Así mismo, ni la Unión Europea, ni la Unión Africana, ni la OMS… ningún organismo emitió preocupación ni mostró interés alguno. Solo pude encontrar una declaración oficial de un gobierno: el ruso. La agencia rusa de Protección al Consumidor, de nombre Rospotrebnadzor, emitió un comunicado oficial sobre el asunto el día 28 de enero.
El laboratorio en cuestión se dice congoleño, pero en realidad es total responsabilidad de Francia y de Estados Unidos, financiado principalmente a través de la USAID y muy seguramente dirigido por el USAMRIID el (United States Army Medical Research Institute of Infectious Diseases), el más activo centro de investigaciones en materia de bio warfare, o guerra bacteriológica, del mundo.
La agencia rusa en su comunicado considera una «irresponsabilidad» por parte de Estados Unidos y Francia el trabajar con patógenos peligrosos en territorio de terceros países y asevera: «Esto es otra prueba más de que acumulan muestras de agentes como el ébola o la viruela sin garantía de seguridad en las infraestructuras», lo cual es una «actitud negligente de Washington y sus aliados».
El CICR no volvió a mencionar el tema explícitamente, como si de un desliz se hubiera tratado; solamente se podía leer en sus mensajes de redes que pedía a todas las partes beligerantes que respeten «infraestructuras críticas y esenciales como los laboratorios y los hospitales».
Consulté a Francine Kongolo, de CICR de Kinshasa, y ella me aclaró el desvelo y enorme esfuerzo realizado por su organización durante las pasadas semanas:
«En efecto, el edificio del Instituto Nacional de Investigación Biomédica (INRB), situado en Goma, representaba un riesgo mientras se desarrollaban los combates con artillería pesada. Si la integridad física del INRB se veía afectada o si se interrumpía la cadena de frío, se trataba de un peligro potencial que podía traspasar las fronteras de la RDC.
El CICR tuvo que trabajar para ayudar a asegurar el perímetro del emplazamiento del INRB contra los saqueos. El CICR también colocó un emblema de la Cruz Roja en el tejado del INRB para que fuera claramente visible desde el cielo y no pudiera confundirse con un objetivo militar. El CICR también suministró combustible al INRB para evitar cortes de electricidad y mantener la cadena de frío».